Renacer

El mantón cubría su cara, blanca como el marfil.

Su respiración pausada se condensaba bajo la tela, haciéndola sudar.

La soledad de la estancia la hizo desconectar hasta el punto que no oía nada. 

Silencio.

Un silencio roto sólo por el sonido de su corazón. Pum-pum. Pum-pum.

Sin esperarlo, una lágrima rodó por su mejilla, hasta caer en su pelo. Una lágrima cargada de pena, de sufrimiento, de pesar. Una lágrima contenida durante demasiado tiempo.

Esa lágrima le haría soltar una pesada mochila, una que ya no debía llevar más a cuestas. Hoy era el día que dejaba ir para poder reencontrarse. Hoy empezaba una nueva vida.

Retiró el mantón, dejando que el aire fresco le enfriara las gotitas de su frente. Respiró hondo, abrió los ojos y sonrió.



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