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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Mientras duermes

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Hoy no me apetece hablar. Hoy no me apetece sonreír. Hoy sólo quiero mirarte. Hoy sólo quiero verte dormir. Porque tu semblante me enamora, tu serenidad al dormir me hipnotiza, tu mano tocando inconscientemente la mía, me vuelve loca... Y rozar tu cara con mis dedos, besarte hasta que despiertes, abrazarte tiernamente para que sepas que sigo aquí, que nunca me fui. Dormir contigo es como viajar en barco. Tú eres el mar y yo me balanceo entre tus olas. Tu respiración roza mi piel y me da calor, como el sol en pleno agosto. Y cuando despiertas... Tus ojos iluminan la estancia, como si acabara de amanecer. Y yo me siento feliz, por poder volverte a tener. Morfeo tiene envidia, de que yo pueda amarte veinte horas al día y él sólo una, tal vez. Pero lo que no sabe es que cuando estás con él, yo también te disfruto, más que cuando él no te ve.

África

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  A África no le gusta estar rodeada de gente. Disfruta mucho de su soledad, de la música que escucha con sus auriculares y de la que pone en casa a toda voz. África pasea como si no existiera nadie, observando los balcones y sus plantas, el cortejo de las palomas en el parque, a esas tortugas que alguien metió en la fuente hace unos meses. Le encanta bajar a la playa en invierno, un par de horas antes del atardecer, para sentir la arena fría entre los dedos de los pies y escuchar a las gaviotas graznar. Mirar las olas rompiendo con suavidad en la orilla, dejando su espuma atrás y haciendo brillar las conchas que se asoman entre los granos. Para ella, son pequeños estímulos que le erizan la piel, que la hacen feliz, y que sólo quiere para ella. Cuando ya se hace de noche, siendo sólo las seis de la tarde, se acerca a su cafetería favorita. Esa en la que no saben su nombre, pero saben que todos los días pide un té rojo con canela y azúcar moreno. A veces se lo toma allí, otras...

El monstruo (microrrelato)

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Solo en la montaña, donde las nubes rompen y el aire es de buena calidad, vive quienes algunos llaman "el monstruo". Será por su soledad, o por su apariencia fuera de lo común. ¡Pero todo muy alejado de la realidad! El monstruo es pacífico, ama a los animales y ayuda a los senderistas que se pierden.  Al asomar los primeros rayos del sol, saca su flauta de pan y entona esa hermosa melodía que despierta al bosque. Junto con los pájaros, hace que su música llegue al valle, donde sólo quien tiene el alma limpia y libre puede escucharla. En el pueblo, forma parte de las leyendas: es el guardián, el dueño de la montaña, quien aleja cada tarde a los seres malvados que aterran a niños que duermen y quien hace que el río no se desborde. Aún así, siguen llamándolo el monstruo...

6 de la mañana

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6 de la mañana oye pájaros piar soñando que duerme en la oscuridad. Tumbada en la cama mirando a la nada pensando que, si llueve, el canto cesará. Truenos y relámpagos ese día acompañarán su largo paseo por toda la ciudad. Su alma se recompone con el agua que cae y en su rostro se dibuja una sonrisa fugaz. Reflejada en un charco la silueta de un amor que ya reconoce sólo por su olor. Mira hacia el frente donde sus miradas se unen y en un largo poema sus labios se funden. Ninguna palabra es necesaria para saber que sus almas hasta la tumba quedarán unidas como una.