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El monstruo (microrrelato)

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Solo en la montaña, donde las nubes rompen y el aire es de buena calidad, vive quienes algunos llaman "el monstruo". Será por su soledad, o por su apariencia fuera de lo común. ¡Pero todo muy alejado de la realidad! El monstruo es pacífico, ama a los animales y ayuda a los senderistas que se pierden.  Al asomar los primeros rayos del sol, saca su flauta de pan y entona esa hermosa melodía que despierta al bosque. Junto con los pájaros, hace que su música llegue al valle, donde sólo quien tiene el alma limpia y libre puede escucharla. En el pueblo, forma parte de las leyendas: es el guardián, el dueño de la montaña, quien aleja cada tarde a los seres malvados que aterran a niños que duermen y quien hace que el río no se desborde. Aún así, siguen llamándolo el monstruo...

6 de la mañana

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6 de la mañana oye pájaros piar soñando que duerme en la oscuridad. Tumbada en la cama mirando a la nada pensando que, si llueve, el canto cesará. Truenos y relámpagos ese día acompañarán su largo paseo por toda la ciudad. Su alma se recompone con el agua que cae y en su rostro se dibuja una sonrisa fugaz. Reflejada en un charco la silueta de un amor que ya reconoce sólo por su olor. Mira hacia el frente donde sus miradas se unen y en un largo poema sus labios se funden. Ninguna palabra es necesaria para saber que sus almas hasta la tumba quedarán unidas como una. 

Siempreviva

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Deambulando por la vida, sin rumbo, con el automático puesto y sin saber qué va a pasar mañana. Tantos objetivos claros, que no se llega a ninguno. Miedos que te frenan, pasiones que te aceleran. Rayadas de cabeza que te nublan la vista. Pero llega alguien con las palabras y los gestos adecuados y te hacen ver con claridad. Una sonrisa, una risa, una caricia que te hacen renacer. Pensar que estás muerta en vida, pero al rodearte de la gente correcta te das cuenta de que nunca moriste, que sigues viva. Que la vida es más que matarte a trabajar, tener un buen sueldo o levantarte temprano. La vida son momentos, lágrimas, borracheras los viernes, conectar, comer a gusto, leer un buen libro, pasear bajo la lluvia, bañarte en el mar. En definitiva, crear recuerdos que te hagan sentir (siempre)viva.  

Amar...

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Hay muchas formas de amar, y no todas implican un "Te amo". A veces es un "¿Cómo estás?" y otras es un "Te espero". Te espero al salir del trabajo, te espero en aquel banco, te espero varios días e, incluso, algunos años. A veces es un "voy a verte dos minutos", el tiempo de darte un beso y que sonrías durante todo el turno. Otras, es una mirada, larga y tierna, porque si algo habla por sí solo son los ojos de alguien enamorado. Amar es algo profundo, que no se siente por cualquiera. Nunca es tortuoso, aunque a veces lo parezca. ¡Ay! Cuánta paz se siente cuando ves a esa persona, cuando miras un atardecer y te emocionas. Cuando lo besas y te sientes completa, cuando no puedes dejarlo de abrazar. Qué difícil es reconocer cuando amas a alguien, sobre todo cuando no es correspondido, pero qué bonito es cuando os convertís en dos tortolitos.  Y así te confieso mi amor, poniéndolo por escrito, sin mencionar tu nombre pero diciéndolo a gritos.  Me la j...

Después de ti

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Después de ti nada fue lo mismo. Muchos vinieron y muchos se fueron. Lágrimas y sonrisas, risas y enfados. Noches en vela y días de levantarse tarde. Después de ti ya no era la misma. Antes paseábamos juntos por la ciudad, ahora paseo sola por la playa. Después de ti, aprendí. Aprendí a ver los amaneceres con otros ojos. Aprendí a andar mirando al frente, en vez de a un lado. Aprendí a ocupar la longitud del sofá. Después de ti nada fue lo mismo. Después de ti, con los años, volví a ser feliz, como lo era antes de ti.

Renacer

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El mantón cubría su cara, blanca como el marfil. Su respiración pausada se condensaba bajo la tela, haciéndola sudar. La soledad de la estancia la hizo desconectar hasta el punto que no oía nada.  Silencio. Un silencio roto sólo por el sonido de su corazón. Pum-pum. Pum-pum. Sin esperarlo, una lágrima rodó por su mejilla, hasta caer en su pelo. Una lágrima cargada de pena, de sufrimiento, de pesar. Una lágrima contenida durante demasiado tiempo. Esa lágrima le haría soltar una pesada mochila, una que ya no debía llevar más a cuestas. Hoy era el día que dejaba ir para poder reencontrarse. Hoy empezaba una nueva vida. Retiró el mantón, dejando que el aire fresco le enfriara las gotitas de su frente. Respiró hondo, abrió los ojos y sonrió.

¿Un café?

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 Los posos del té flotando en el fondo de la tetera. Una gota que cae del grifo cerrado. Un mirlo solitario cantando bajo el naranjo. La ventana sucia por una lluvia de barro. El mantel manchado. El gato ronroneando en el sofá. Una mirada perdida. Una mente dando vueltas. "No lo pienses más". Y cuando vuelve en sí, un mensaje: "¿Un café?". - No bebo café, pero sí. Uno y veinte mil.